El Gobierno de Zapatero, mientras la economía española marchaba “bien”, mientras los excesos de la construcción y del sistema productivo desproporcionado que teníamos generaban las burbujas que nos explotaron, bajaba el Impuesto de Sociedades un 5%, el IRPF un 6%, eliminaba el Impuesto sobre el Patrimonio y devolvía 400 euros a todo ser viviente.
Las empresas, constructoras-especuladoras incluídas, pagaban menos por un beneficio obtenido de una manera que ahora nos ha llevado a todos a la hecatombe económica. La progresividad del IRPF no mejoró ni un ápice con un descenso generalizado del 6%, y tampoco lo hizo con una devolución generalizada de 400 euros. El Impuesto de Patrimonio disminuyó enormemente la presión fiscal sobre las familias más acaudaladas de este país, que son, lógicamente, las que mayor patrimonio tienen. La progresividad fiscal, algo que en teoría sí que es de izquierdas – y no “bajar los impuestos”, como tanto pregonaba el presidente – no ha mejorado nada desde que Zapatero llegara al poder en 2004.
La política fiscal post-crisis tampoco supone ningún avance. Ahora suben los impuestos a las rentas del capital, pero también impuestos indirectos como los que gravan el alcohol, el tabaco y la gasolina. Y lo más grave de todo: también el IVA. El que pagamos todos los españoles: empresarios, profesionales, millonarios, ricos… pero también estudiantes, parados, pensionistas… Es la política fiscal de siempre. La misma que nos encasquetaría un partido de derechas. Los beneficios, mientras duró la etapa boyante, fueron para los ricos. Ahora, cuando ya no hay beneficios, las pérdidas se “socializan” y nos toca a todos pagar los platos rotos.
Y luego los oiremos gritando que viene la derecha. Y nos sonará igual que el grito de Pedro avisando de que viene el lobo. Pero a nadie le importará, porque el lobo (PP) y el lobo disfrazado de cordero (PSOE) tienen la misma política económica. Por mucho marketing, por mucho que la autoproclamen de izquierdas o de derechas, a los ciudadanos, a los que menos culpa tenemos, nos tocará estar siempre pagando, que es gerundio.
Los últimos ataques de la insurgencia afgana, de los talibanes, a las tropas españolas, han reabierto el debate sobre la presencia militar de nuestro país en el conflictivo Afganistán. El Gobierno ha respondido “estudiando” un plan de ampliación de las tropas consistente en, al menos, 200 efectivos más. Ya en junio se habían enviado 450 soldados suplementarios para garantizar la seguridad durante el periodo electoral. España tiene actualmente unos 1.230 militares desplegados en Afganistán.
El pasado viernes fuerzas de la OTAN, organización de la que España es miembro, bombardearon un convoy de combustible robado y mataron a alrededor de 100 civiles. La masacre no ha trascendido, pero incluso el primer ministro afgano, Hamid Karzai, ha calificado de “inaceptable” los ataques contra civiles, y ha criticado que “ningún civil debe resultar afectado durante las operaciones militares”.
La Guerra en Afganistán (2001-presente) denominada por el mando estadounidense como “Operación Libertad Duradera” (originalmente “Operación Justicia Infinita”, nombre que fue modificado para evitar insinuaciones religiosas o mesiánicas[1] ), se inició el 7 de octubre de 2001, después de que Estados Unidos acusara al régimen talibán Afgano de ocultar a Osama Bin Laden, a quien Estados Unidos acusa de ser responsable directo de los atentados del 11 de septiembre. Estados Unidos y numerosos países aliados procedieron a invadir y ocupar el país alegando su tránsito de la teocracia hacia la democracia.
Es lo que reza en la Wikipedia sobre la guerra. Los motivos: la búsqueda de Osama Bin Laden y el paso de la teocracia a la democracia. Para EE.UU, las armas de destrucción masiva irakíes y Bin Laden siguen siendo invisibles. Para ellos, y también para toda la comunidad internacional. El establecimiento de la democracia ya suena a viejo. Fue también uno de los motivos de la guerra de Irak, de la que sí ha habido una fuerte protesta por parte de la comunidad internacional, y de la que España salió desde que en 2004 accediera al poder el presidente Zapatero. Por lo tanto, motivos, como en Irak, difíciles de creer. Y como en Irak, hay que ir más allá.
Si en Irak, y en todo Oriente Medio, Estados Unidos siempre ha querido mantener controlado el mercado de la extracción de petróleo, en el caso de Afganistán no iba a ser menos. Pero esta vez, no sólo porque el país esté en Oriente Medio y pueda servir como punto de control militar del área, si no que ya desde los tiempos de la Guerra Fría, estuvo muy interesado en mantenerlo bajo control. Durante la conocida como Guerra Afgano-Soviética, Estados Unidos apoyó a los talibanes, a los que ahora combate, en su insurrección contra el gobierno prosoviético de Afganistán. Ellos los llevaron al poder, y fíjese usted que mal agradecidos, en 2001 dan cobijo a Osama Bin Laden, supuesto autor de los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono del 11 de septiembre de 2001, y eso da pie a otra guerra. Los antes amigos, ahora enemigos.
La Guerra Afgano-Soviética se recuerda como el Vietnam de la URSS por su alto coste en vidas y económico; y por lo estéril de los resultados, teniendo como única consecuencia la aún mayor desestabilización de la situación política de la URSS. No es preciso ni recordar que Afganistán va por el mismo camino: se está convirtiendo en el Vietnam 2.0 de Estados Unidos, y junto con él, de todos los países que forman la coalición.
Pero, y ante esto, ¿qué pinta España allí? ¿Por qué estamos nosotros en este “fregao”? Pues por no pintar, no pintamos ni la mona. Lo recordaba el líder de Izquierda Unida, Cayo Lara, este viernes en Los Desayunos de TVE: “Pintamos exactamente lo mismo que hubiéramos pintado en la Guerra de Irak, así de simple”. Lara recordó lo que establece el Artículo 8 de la Constitución Española:
Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.
Cayo Lara se preguntaba qué soberanía, qué independencia y qué integridad territorial de España están garantizando las tropas españolas desplegadas en Afganistán. Pues eso: que por no pintar, ni la mona. Estados Unidos se lo guisa, Estados Unidos que se lo coma.
Fuente: Los Desayunos de TVE (a partir del minuto 54)