Como si Latinoamérica tuviera pocos problemas y las diferencias con el imperialismo norteamericano fueran pocas, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha decidido comenzar a desarrollar la energía nuclear, presumiblemente enriqueciendo uranio. La medida supone un argumento más para el eje colombiano-estadounidense que ahora podrá también decir que en Venezuela se desarrollan “armas nucleares”. Exactamente lo mismo que dicen de Irán.
Sin duda, lejos de ir en la vía de pacificar la situación y buscar una vía diplomática, Chávez empeora así las relaciones cuando no es ni el momento, ni el lugar para hacerlo. Y como sucede en Europa, surge también el debate de si es necesario desarrollar una energía nuclear que genera tantos residuos, sobre todo en un país que no tiene dependencia alguna del petróleo, porque es uno de los principales productores mundiales y recientemente ha descubierto grandes acumulaciones de gas natural.
La opción progresista de optar por las nuevas tecnologías, las energías verdes y la innovación no se contempla en Venezuela, demostrando que la clase política indígena, que gobierna también en otros países como Bolivia, Ecuador, … no tiene iniciativa innovadora y son, en el fondo, campesinos venidos a más que consiguen mejorar la situación de sus iguales, pero no ir más allá en la búsqueda del progreso. Son conservadores en este sentido.
Grave error el de Chávez. Aumenta la tensión. Aumenta los argumentos de la oposición. Aumenta su discurso populista. Disminuyen las espectativas de una América avanzada y en Paz.
El Gobierno de Zapatero, mientras la economía española marchaba “bien”, mientras los excesos de la construcción y del sistema productivo desproporcionado que teníamos generaban las burbujas que nos explotaron, bajaba el Impuesto de Sociedades un 5%, el IRPF un 6%, eliminaba el Impuesto sobre el Patrimonio y devolvía 400 euros a todo ser viviente.
Las empresas, constructoras-especuladoras incluídas, pagaban menos por un beneficio obtenido de una manera que ahora nos ha llevado a todos a la hecatombe económica. La progresividad del IRPF no mejoró ni un ápice con un descenso generalizado del 6%, y tampoco lo hizo con una devolución generalizada de 400 euros. El Impuesto de Patrimonio disminuyó enormemente la presión fiscal sobre las familias más acaudaladas de este país, que son, lógicamente, las que mayor patrimonio tienen. La progresividad fiscal, algo que en teoría sí que es de izquierdas – y no “bajar los impuestos”, como tanto pregonaba el presidente – no ha mejorado nada desde que Zapatero llegara al poder en 2004.
La política fiscal post-crisis tampoco supone ningún avance. Ahora suben los impuestos a las rentas del capital, pero también impuestos indirectos como los que gravan el alcohol, el tabaco y la gasolina. Y lo más grave de todo: también el IVA. El que pagamos todos los españoles: empresarios, profesionales, millonarios, ricos… pero también estudiantes, parados, pensionistas… Es la política fiscal de siempre. La misma que nos encasquetaría un partido de derechas. Los beneficios, mientras duró la etapa boyante, fueron para los ricos. Ahora, cuando ya no hay beneficios, las pérdidas se “socializan” y nos toca a todos pagar los platos rotos.
Y luego los oiremos gritando que viene la derecha. Y nos sonará igual que el grito de Pedro avisando de que viene el lobo. Pero a nadie le importará, porque el lobo (PP) y el lobo disfrazado de cordero (PSOE) tienen la misma política económica. Por mucho marketing, por mucho que la autoproclamen de izquierdas o de derechas, a los ciudadanos, a los que menos culpa tenemos, nos tocará estar siempre pagando, que es gerundio.
Así ha elegido casarse la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal. La líder del PP eligió el pasado 2 de septiembre como fecha para su enlace matrimonial con un empresario. La polémica: tan sólo cinco días más tarde tiene lugar en Castilla La Mancha el Debate sobre el Estado de la Región.
El Partido Popular no tardó un instante en calificar la coincidencia de fechas como una estrategia del PSOE manchego para fastidiar a De Cospedal. Según el PP, la agenda del Parlamento manchego tiene que adaptarse a la agenda privada de la señora Cospedal, y no al revés. Y además, para los conservadores, este asunto debe ser público y notorio, convirtiendo una vez más una anécdota que más que beneficiarles, les perjudica, en la polémica política de la semana.
Los populares vuelven a demostrar así que sus intereses se alejan cada vez más de lo público, y que son las agendas privadas las que realmente les importan, ya sea una boda de su líder con un empresario, o una reunión de “negocios” para importar trajes de Milán, entre otros artículos.
Sin duda, ya que los trajes, los Jaguar y los salmones resultarían un tanto sospechosos, el mejor regalo para esta nueva pareja bien podría haber sido una SICAV. Sí, una Sociedad de Inversión de Capital Variable. La podrían haber constituído entre todos los invitados, que fueron algo más de 100 – el mínimo de socios exigido – , quedándose cada uno de ellos con un porcentaje mínimo de títulos-valores, y reservándose la inmensa mayoría para la nueva pareja. Son los regalos típicos de “las clases medias”, como las llama el Partido Popular. Clases medias que tributan al 1% en el Impuesto de Sociedades, mientras que los pequeños y medianos empresarios lo hacen al 20% y las sociedades convencionales a más del 30%. Y además el PSOE no diría nada, para evitar “fuga de capitales”.
España es España, y cuando de una boda se trata, los Telediarios se convierten en programas del corazón. Las crisis económicas, en crisis de parejas. Las noticias de fusiones, en enlaces matrimoniales. Los políticos honrados, en personajes de la farándula. España, en un país de ignorantes ignorados.