Hoy es uno de esos días que me alegro de estudiar lo que estudio. Y de que, desde siempre, me haya preocupado lo que me preocupa. Porque hoy es un día para indignarse con el mundo.
La visita del Papa a España está dejando tras de sí una estela que retrata, fielmente, lo que siempre ha sido, y es hoy más que nunca, la jerarquía católica. Es de vergüenza que la visita se produzca en estos términos, con este despliegue mediático, y que además, sea en buena parte financiada por el bolsillo de todos los ciudadanos. Mientras este país está a punto del rescate financiero y millones de ciudadanos llevan años sin trabajar (y lo que les queda…), España entera se paraliza, su capital se colapsa, para recibir a un líder religioso vestido con suntuosos trajes blancos.
Por si fuera poca la financiación que ya hemos tenido que apoquinar todos los españoles de nuestros impuestos, la Comunidad de Madrid ha decidido que, además, los turistas católicos que estén en Madrid y que acrediten venir a la Jornada Mundial de la Juventud (así lo llaman) tendrán sanidad totalmente gratuita, discriminando al resto de turistas que sean de otras religiones o simplemente no hayan venido a la JMJ. Y bueno, en realidad, de gratis nada: lo pagaremos, de nuevo, entre tod@s.
Y los ciudadanos, como es normal, indignados ante una visita de tamañas características en medio de una crisis de dimensiones también bastante considerables, han salido a la calle. Y no salieron sin polémica, que ya se están pasando demasiado tiempo entre protestas y la bromita ha dejado de hacer gracia. Así que este miércoles 17, un día antes de la llegada de su santidad, pancartas en manos, se manifestaron más de 5.000 personas por varias calles del centro de Madrid, acabando, por fin, en la Puerta del Sol, símbolo del movimiento 15 de mayo, después de que también intentarán impedírselo.
Y la libre expresión y derecho a reunirse y manifestarse libremente, consagrados en la Constitución Española, no pudieron ejercerse en su plenitud, como ocurre de un tiempo a esta parte en este país en el que estamos cogiendo la mala costumbre de cargar contra las manifestaciones porra en mano y policía mediante. ¿El motivo? Esta vez que se ‘encontraron’, fíjense ustedes que casualidad, los manifestantes autorizados por la Delegación del Gobierno con un grupo de peregrinos de la JMJ y la Policía ‘tuvo que hacer un cordón para separarlos’ y cuando ya se cansaron ‘trataron de dispersar la manifestación’ legítimamente convocada. Eso es lo que nos cuentan los grandes medios de comunicación que incomunican a la gente.
La realidad es que esta situación tenía que haberse atajado de una manera bien diferente. Si los peregrinos fueron a la Puerta del Sol para encontrarse con la manifestación laica, con premeditación, dado que estaba convocada desde hacía semanas, estaban infringiendo el artículo 3.2 de la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de Julio, reguladora del Derecho de Reunión y eran ellos los que, en cualquier caso, debían ser desalojados: “La autoridad gubernativa protegerá las reuniones y manifestaciones frente a quienes trataren de impedir, perturbar o menoscabar el lícito ejercicio de este derecho”.
¿Y cómo acabó todo? Pues como el rosario de la aurora. El penoso cuerpo policial que sufrimos en este país tuvo vía libre para desfogarse un ratito y, porra en mano, agredir violentamente a cientos de ciudadanos que se vieron envueltos en una situación más propia de siglos pasados y regímenes que creíamos superados. Y gracias a las nuevas tecnologías nos quedan, por lo menos, las pruebas gráficas de tal atrocidad. De las detenciones ilegales y de la altanería y prepotencia de los señores policías que tendrían que velar por nuestra seguridad y son los primeros que la ponen en peligro. Sobran más palabras. Les dejo tan sólo uno de los vídeos que hoy circulan por las redes sociales. No lo verán nunca abriendo ningún informativo, ni tampoco verán ningún fotograma en el periódico, pero eso no quita que este país que aspiraba a ser democrático esté cada día, con cosas como estas, un poquito más lejos de serlo.
Periodista retenida en la Puerta del Sol la noche del 17 de agosto de 2011 mientras realizaba su trabajo.
“Antes de poder terminar de desarrollar la labor periodística que estaba llevando a cabo, la redactora que firma esta pieza fue retenida por la Policía que, por ser independiente y colaborar con un medio digital que el agente no conocía, consideró su labor ilegítima. Este funcionario le quitó del cuello la identificación que ella lleva (en la que pone su nombre y su DNI con una foto) y empezó a apuntar sus datos. Pese a que la periodista le preguntó en varias ocasiones la razón por la que estaba apuntando sus datos, el agente se negó a contestar, y cuando le pidió el DNI aludiendo que le faltaban datos y ella le preguntó el motivo y le pidió que no le levantara la voz, la respuesta del agente, que la agarró fuertemente del brazo fue “¡¿Que no te levante la voz?! ¡Como te meta una ostia, verás! ¡Saca el DNI ya!”. En ese momento, la redactora fue arrastrada por dos agentes hacia un furgón policial para detenerla; al abrir la puerta del furgón, un agente de paisano y con la cara tapada por un pañuelo empezó a gritar a sus compañeros “¡Ponerle las esposas a esa de una vez!”. Sólo al sacar el DNI (arrancado de sus manos por el agente) los demás antidisturbios pararon de zarandearla.”