Justicia injusta

Si se ha puesto en duda la objetividad del juez Baltasar Garzón a la hora de instruir la causa abierta por las denuncias presentadas por las asociaciones de víctimas del franquismo para localizar y restaurar la memoria de las más de 130.000 personas que aún hoy permanecen desaparecidas en cunetas, pozos y fosas, yo hoy, aquí, quiero poner en duda la objetividad del Poder Judicial y, especialmente, del Tribunal Supremo.

Al alto tribunal se le puede acusar de ser “herederos del franquismo”, “lacayos de la derecha”. Se les puede decir mucho, y probablemente nada será suficiente para mitigar la indignidad y la impotencia que hoy sienten las víctimas, sus familiares, y los españoles que como yo sentimos vergüenza ajena de nuestro propio país, capaz de mucho para los demás, y de muy poco para sí mismo. Pero sobre todo, se les puede acusar de haber sido los autores de la última víctima que se ha cobrado el franquismo en España: el juez Baltasar Garzón. El mismo que pudo con los Gal, con Pinochet, con ETA, con tantos y tantos corruptos, … y que Gürtel y el franquismo, el franquismo y Gürtel, han hecho menguar su exitosa carrera de más de 22 años al frente de la Audiencia Nacional hasta su fin.

Y como decía Machado, España me duele. Me duele España y me duelen los ojos de ver a la Justicia siendo injusta, a los corruptos campando a sus anchas, y a las víctimas volviendo a derramar lágrimas en un día como hoy. Ayer se hizo más daño a la Democracia que un 23 de Febrero de 1981.

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