Los últimos ataques de la insurgencia afgana, de los talibanes, a las tropas españolas, han reabierto el debate sobre la presencia militar de nuestro país en el conflictivo Afganistán. El Gobierno ha respondido “estudiando” un plan de ampliación de las tropas consistente en, al menos, 200 efectivos más. Ya en junio se habían enviado 450 soldados suplementarios para garantizar la seguridad durante el periodo electoral. España tiene actualmente unos 1.230 militares desplegados en Afganistán.
El pasado viernes fuerzas de la OTAN, organización de la que España es miembro, bombardearon un convoy de combustible robado y mataron a alrededor de 100 civiles. La masacre no ha trascendido, pero incluso el primer ministro afgano, Hamid Karzai, ha calificado de “inaceptable” los ataques contra civiles, y ha criticado que “ningún civil debe resultar afectado durante las operaciones militares”.
La Guerra en Afganistán (2001-presente) denominada por el mando estadounidense como “Operación Libertad Duradera” (originalmente “Operación Justicia Infinita”, nombre que fue modificado para evitar insinuaciones religiosas o mesiánicas[1] ), se inició el 7 de octubre de 2001, después de que Estados Unidos acusara al régimen talibán Afgano de ocultar a Osama Bin Laden, a quien Estados Unidos acusa de ser responsable directo de los atentados del 11 de septiembre. Estados Unidos y numerosos países aliados procedieron a invadir y ocupar el país alegando su tránsito de la teocracia hacia la democracia.
Es lo que reza en la Wikipedia sobre la guerra. Los motivos: la búsqueda de Osama Bin Laden y el paso de la teocracia a la democracia. Para EE.UU, las armas de destrucción masiva irakíes y Bin Laden siguen siendo invisibles. Para ellos, y también para toda la comunidad internacional. El establecimiento de la democracia ya suena a viejo. Fue también uno de los motivos de la guerra de Irak, de la que sí ha habido una fuerte protesta por parte de la comunidad internacional, y de la que España salió desde que en 2004 accediera al poder el presidente Zapatero. Por lo tanto, motivos, como en Irak, difíciles de creer. Y como en Irak, hay que ir más allá.
Si en Irak, y en todo Oriente Medio, Estados Unidos siempre ha querido mantener controlado el mercado de la extracción de petróleo, en el caso de Afganistán no iba a ser menos. Pero esta vez, no sólo porque el país esté en Oriente Medio y pueda servir como punto de control militar del área, si no que ya desde los tiempos de la Guerra Fría, estuvo muy interesado en mantenerlo bajo control. Durante la conocida como Guerra Afgano-Soviética, Estados Unidos apoyó a los talibanes, a los que ahora combate, en su insurrección contra el gobierno prosoviético de Afganistán. Ellos los llevaron al poder, y fíjese usted que mal agradecidos, en 2001 dan cobijo a Osama Bin Laden, supuesto autor de los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono del 11 de septiembre de 2001, y eso da pie a otra guerra. Los antes amigos, ahora enemigos.
La Guerra Afgano-Soviética se recuerda como el Vietnam de la URSS por su alto coste en vidas y económico; y por lo estéril de los resultados, teniendo como única consecuencia la aún mayor desestabilización de la situación política de la URSS. No es preciso ni recordar que Afganistán va por el mismo camino: se está convirtiendo en el Vietnam 2.0 de Estados Unidos, y junto con él, de todos los países que forman la coalición.
Pero, y ante esto, ¿qué pinta España allí? ¿Por qué estamos nosotros en este “fregao”? Pues por no pintar, no pintamos ni la mona. Lo recordaba el líder de Izquierda Unida, Cayo Lara, este viernes en Los Desayunos de TVE: “Pintamos exactamente lo mismo que hubiéramos pintado en la Guerra de Irak, así de simple”. Lara recordó lo que establece el Artículo 8 de la Constitución Española:
Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.
Cayo Lara se preguntaba qué soberanía, qué independencia y qué integridad territorial de España están garantizando las tropas españolas desplegadas en Afganistán. Pues eso: que por no pintar, ni la mona. Estados Unidos se lo guisa, Estados Unidos que se lo coma.
Fuente: Los Desayunos de TVE (a partir del minuto 54)
Así ha elegido casarse la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal. La líder del PP eligió el pasado 2 de septiembre como fecha para su enlace matrimonial con un empresario. La polémica: tan sólo cinco días más tarde tiene lugar en Castilla La Mancha el Debate sobre el Estado de la Región.
El Partido Popular no tardó un instante en calificar la coincidencia de fechas como una estrategia del PSOE manchego para fastidiar a De Cospedal. Según el PP, la agenda del Parlamento manchego tiene que adaptarse a la agenda privada de la señora Cospedal, y no al revés. Y además, para los conservadores, este asunto debe ser público y notorio, convirtiendo una vez más una anécdota que más que beneficiarles, les perjudica, en la polémica política de la semana.
Los populares vuelven a demostrar así que sus intereses se alejan cada vez más de lo público, y que son las agendas privadas las que realmente les importan, ya sea una boda de su líder con un empresario, o una reunión de “negocios” para importar trajes de Milán, entre otros artículos.
Sin duda, ya que los trajes, los Jaguar y los salmones resultarían un tanto sospechosos, el mejor regalo para esta nueva pareja bien podría haber sido una SICAV. Sí, una Sociedad de Inversión de Capital Variable. La podrían haber constituído entre todos los invitados, que fueron algo más de 100 – el mínimo de socios exigido – , quedándose cada uno de ellos con un porcentaje mínimo de títulos-valores, y reservándose la inmensa mayoría para la nueva pareja. Son los regalos típicos de “las clases medias”, como las llama el Partido Popular. Clases medias que tributan al 1% en el Impuesto de Sociedades, mientras que los pequeños y medianos empresarios lo hacen al 20% y las sociedades convencionales a más del 30%. Y además el PSOE no diría nada, para evitar “fuga de capitales”.
España es España, y cuando de una boda se trata, los Telediarios se convierten en programas del corazón. Las crisis económicas, en crisis de parejas. Las noticias de fusiones, en enlaces matrimoniales. Los políticos honrados, en personajes de la farándula. España, en un país de ignorantes ignorados.